La población ha votado. Habrá elegido a sus favoritos. 212 nuevos presidentes municipales y unos 3,500 ediles, listos para gobernar Veracruz. Una tierra pródiga en recursos naturales donde 200 familias son dueñas de más del 60 por ciento de la riqueza y donde seis de cada 10 habitantes está en la miseria, la pobreza y la jodidez según el CONEVAL.

En campaña, el mundo a los pies de los electores. En el transcurso del cuatrienio que vendrá, la fama pública lo consigna. El desvío de recursos, el peculado, el enriquecimiento ilícito, y su gemela, la impunidad.

Todavía peor: la mayoría de alcaldes, en el desparpajo y el cinismo. Mesías, héroes terrenales, que se creen y sienten. El poder, con sentido patrimonialista.

Más peor aún: al cuarto para las doce, como sucedió la semana anterior, la LXIV Legislatura aprobó créditos millonarios para doce alcaldes a quienes sólo faltan cinco meses para terminar el mandato constitucional, pues el sexto, el mes de diciembre, es letra muerta para la tarea pública.

Y por tanto, nadie descartaría que se trata, cierto, para cubrir pendientes, pero al mismo tiempo (digamos, sólo digamos), un bono de salida... y que bien merecen los ediles por sacrificarse en nombre de la población, ajá.

Lo dijo Maximiliano de Habsburgo: “¡Doy la vida por mi patria!”.

Así, ninguna posibilidad de que con los nuevos 212 presidentes municipales que tomarán posesión el día primero de enero de 2018 la vida común pudiera cambiar.

Un solo dato:

Según los Cuadernillos Municipales de la secretaría de Finanzas y Planeación hay en Veracruz 600 mil analfabetas de 14 años de edad en adelante. Todos, distribuidos de norte a sur y de este a oeste.

Y en el listado, cada demarcación local aparece con su lista de personas por edades que no saben leer y escribir.

Y con los alcaldes que dejarán los Ayuntamientos, ninguno se ocupó ni preocupó por alfabetizar a su población.


Les valió.

En cambio, sabrá el chamán, también el ORFIS y la Comisión de Vigilancia del Congreso, el número de ediles enriquecidos a la sombra del poder y de la impunidad.

Ellos se irán, pero el desencanto arruinará más la vida social.

Por eso el hartazgo y la inconformidad social y la indignación crónica de cada ciudadano, de cada familia, de cada núcleo poblacional.


Sucia complicidad

Ahora, con los ediles que tomarán posesión la tentación del poder político, que también es económico y social, se multiplicará.

Gracias a la ley Javier Duarte, los alcaldes podrán elegirse por dos periodos más hasta completar un total de doce años consecutivos en la tarea de gobernar.

Desde luego, el viejo principio de “Sufragio efectivo, no reelección” y que fuera acuñado por José Vasconcelos, pero adoptado como lema de campaña por Francisco I. Madero, quedó sepultado en Veracruz.

Y de fea forma. Por lo siguiente:

Si antes los alcaldes heredaban el poder a los hijos, ahora también a las esposas, a los hermanos, a los tíos, a los socios y cómplices y hasta a sus barbies en turno.

Por un lado, más, mucho más tiempo para que los ediles sigan “ordeñando la vaca” y “metiendo la mano al cajón” como proclamaba Gerardo Buganza Salmerón en el duartazgo.

Y por el otro, los ediles entregando la estafeta a la familia, como si el municipio, el Ayuntamiento, la población fuera una gran hacienda porfirista de su propiedad para hacer y deshacer.

Y lo peor, para nunca, jamás, rendir cuentas.

Y si las rinden, amañadas cien por ciento, como en su momento lo expresaran a plenitud el Orfis, el Congreso, la Contraloría y SEFIPLAN durante los casi seis años del duartazgo.


Rebatinga del erario

Vendrán tiempos peores.

Por ejemplo, en la inseguridad que dejarán como herencia los ediles que se van, también son co-rresponsables.

Hay, por ejemplo, narco/alcaldes que así lo proclamó el gobernador, aun cuando nunca, jamás, cumplió su palabra de que llamaría a cuentas al primero de ellos.

Hay, según la fama pública, narco/políticos. Y narco/policías. Y narco/ediles.

Bastaría referir las denuncias de las ONGS y Colectivos, de las desapariciones forzadas, en donde el vaso comunicante es de políticos y malandros.

Lo peor es lo siguiente:

En las campañas electorales que terminaron nunca, jamás, los candidatos se centraron en el más grave pendiente social de Veracruz, como son los carteles, cartelitos y sicarios.

Eludieron el tema. Ya por miedo y terror. Ya por intimidaciones concretas y específicas. Quizá por alianza. Acaso porque siguen pensando que la tarea es del gobierno federal. Lo peor: ni conciencia han de tener.

Grave, cuando, está claro, en el Estado de Derecho (invocado por todos los políticos, sin excepción), la seguridad en la vida y en los bienes significa la tarea número uno de la elite gobernante en turno.

Por eso el desencanto social. Y el desplome en el interés electoral. Alto, elevado, elevadísimo abstencionismo electoral. Los políticos, adueñándose del poder para enriquecerse.

La población, padeciendo desempleo y subempleo con salarios de hambre. Baja calidad de vida. Peor sistema de salud. Peor sistema educativo, pues bastaría referir que de cada cien niños egresados de la primaria sólo diez llegan a la universidad. Y lo más grave, el próximo ciclo escolar, por ejemplo, la Universidad Veracruzana dejará fuera a cuatro de cada diez jóvenes aspirantes a ingresar al ciclo anual.

Veracruz, estado rico en recursos naturales (alardeado por las elites políticas), un río de sangre, el valle de la muerte, la cuna del hambre, la miseria y la jodidez, el reino de la impunidad.

Y de ñapa, la rebatinga del erario, el único objetivo supremo de los políticos.


EXPEDIENTE 2017

LUIS VELÁZQUEZ


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