Los reconocimientos otorgados al artista michoacano que el mundo conoce como Juan Gabriel, ocupan casi tanto espacio como el catálogo de sus canciones. De Lara a Manzanero pasando por Cantoral y algunos notables más, la música mexicana, en especial el bolero, han tenido sus representantes más grandes y dignos; pero Alberto Aguilera Valadez (Parácuaro, Mich., enero 7, 1950), conocido mejor por un nombre doble, sin apellido, está a la altura de ellos en calidad, popularidad, productividad y aún más, versatilidad. Y aún algo más raro en esta clase de avis: su generosidad filantrópica.

Sólo le falta componer ópera. Creo.

Ha recibido las Llaves de la Ciudad, desde el Vaticano, la Ciudad Santa a su antípoda Vegas, la Ciudad del Pecado. Le rinden tributos y todo y cada uno de los artistas latinos se desperecen porque les escriba una canción. O de perdiz cantar una a dúo con él.

Lo he tratado un par de veces. Aún no era "Juanga" cuando lo noto en la semi penumbra de un night club en El Paso, el "Old plantation", muy popular abrevadero al estilo Western. De hecho estoy parado en el segundo nivel junto a él, sin darme cuenta. Reconozco su perfil, pero sé de su timidez legendaria. Le saludo, me presento y en la brevedad del encuentro, en su voz en tono bajo y un tanto apagado (le advierto que soy periodista) hace comentarios generales, incomprometedores. De los cantantes que fabrica Televisa entre otras cosas.

Acaba de hacer tres películas biográficas que le dirige mi amigo Gonzalo Martínez: Del Otro Lado del Puente (1980), El Noa Noa (1981, con la paisana Meche Carreño), y Es mi Vida (1982); pero ya lo idolatran en este país afecto a los halagos pero no al reconocimiento sincero.

"¿Las vio?, inquiere,¿qué le parecieron?. "Honestas", le digo. "Trabajé en el Sindicato de Directores entre '76 y '80, y Gonzalo (director de las multipremiadas El Principio, y Longitud de Guerra) me comentó que eras muy dócil, sensible, y afirma que eres buen actor."

"¡Ah, qué don Gonzalo!", Juan Gabriel ríe discreta, tímidamente. Tiene un vaso de refresco y me ofrece otra copa de lo que yo estoy tomando; pero empiezan a reconocerlo y prefiere salir del establecimiento tan discretamente como puede. La segunda ocasión es telefónicamente. Como organizador de espectáculos de las Ferias Juárez 1983 y '85, quiero presentar a sus niños del Semjase, la casa-hogar y escuela de música para niños que desarrollen su talento artístico. Es difícil que den permiso, y la directora dice ante mi insistencia: "Sólo el Sr. Aguilera puede autorizarlo." Consigo su teléfono (un amigo le hace trabajos de decoración en la casona que recién compra para su mamá). "Mire, me dice, no me gusta exhibir a mis niños. Y la Feria suele ser una gran cantina. No creo...", pero le garantizo que tendrán el primer horario de shows en el Teatro del Pueblo, que iré personalmente a traerlos en un camión especial, y devolverlos enseguida. No drinks (bromeo). Acepta, y más tarde le envío los periódicos donde hacen la crónica. No vuelvo a saber de él, excepto por lo que continuamente escriben en los medios.

Todo esto viene a cuento porque me gusta decir que Juan Gabriel, pese al título, no es un Divo sino un hombre sencillo, agradecido, leal, que ama a la humanidad y lo demuestra; es creyente (canta las Mañanitas a la Guadalupana anualmente) y, como gran artista y ser humano, ama cantar para quienes lo admiramos.

Mañana viernes la Plaza de Toros "La Concordia", desde las 10 de la noche la adrenalina de estar frente ante él y escucharlo deberá ratificar porqué es un ídolo popular: se entrega totalmente y no deja piedra sin voltear con tal de complacer a sus admiradores.

Si ya tiene boleto, prepárese, porque amaneceremos con él y abrazados a sus notas.

En vivo

II Juan Gabriel

II Viernes 24 de junio

II Plaza de Toros La Concordia, Orizaba.

II 22:00 hrs.

II Talavera Serdán

Especial