Medio siglo del ‘boom’ latinoamericano
 
 
 
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Medio siglo del ‘boom’ latinoamericano

Hace cincuenta años estalló el “boom” latinoamericano, el fenómeno literario que protagonizaron los jóvenes García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes y Cortázar, alimentados por Borges, Carpentier, Rulfo u Onetti

Domingo, 11 Noviembre 2012

EFE

Aquel “boom” fue otra Edad de Oro de la novela en español que reunió a un grupo de escritores de diferentes países latinos que no se conocían entre sí y que por sus diferentes temática, técnicas narrativas y por el uso del lenguaje, dejaron a Europa rendida a sus pies en los 60.
La publicación en España de “La ciudad y los perros”, de Mario Vargas Llosa en editorial Seix Barral, en 1962, marcó el inicio de este fenómeno cultural que ahora celebra su aniversario con reediciones, homenajes y un congreso internacional, organizado por la cátedra Mario Vargas Llosa, junto con Acción Cultural Española.
Un congreso que se desarrollará en la madrileña Casa de América y en ochos universidades españolas, y que inaugurará Mario Vargas Llosa con una conferencia magistral sobre los orígenes del movimiento, y la presencia de los príncipes de Asturias.

Un puente
entre España y Latinoamérica
Para Mario Vargas Llosa, según explicó a Efe, “la idea es que esta cátedra sirva como un puente de tipo literario y cultural entre España y Latinoamérica, y que se incorpore Brasil, porque no hay que olvidar que Brasil formó parte del “boom”, con Guimaraes Rosa, Nélida Piñon o Clarice Linspector, ésta última injustamente marginada. Luego empezó a ser reconocida porque fue traducida y muy reconocida como una voz muy original”.
El premio Nobel peruano recuerda que el “boom” fue un descubrimiento para el resto del mundo de otra cara de América Latina, aunque hubo algunas confusiones -aclaró-, porque a raíz de uno de los libros de más éxito “Cien años de soledad, que fue un libro fantástico, se empezó hablar de la literatura latinoamericana como la del realismo mágico, por estas historias sobrenaturales fantásticas y no fue así, hubo diversidad de temas.
“Pero el denominador común de todo fue que ya no se trataba de una literatura regionalista, costumbrista o pintoresca -continúa-. Se mostraban historias que, aunque estaban situadas en América Latina, expresaban un tipo de problemática valida para cualquier país, humana en general”, precisa el escritor, superviviente del “boom” junto a Gabriel García Márquez, quien también posee el premio Nobel de Literatura.
París y Barcelona fueron escenarios de este movimiento que dio títulos que hoy son obras clásicas como “Cien años de soledad”, “Rayuela”, “La muerte de Artemio Cruz”, “La vida breve”, “La región más transparente”, “Pedro Páramo” o “Los pasos perdidos”, entre otros muchos títulos que editoriales españolas como Seix Barral y luego otras empezaron a publicar.
Pero Barcelona adquirió un protagonismo especial porque, además de ser la sede donde se encontraban las editoriales y la agente Carmen Bacells, fue el lugar donde se conocieron Vargas Llosa y García Márquez y José Donoso. En París entablaron amistad Vargas Llosa y Cortázar, que como era mayor, asesoró y ayudó a los más jóvenes.
En este 50 aniversario también se reedita en Alfaguara “Los nuestros”, el libro del escritor, profesor y periodista chileno Luis Harss, quien atisbó hace cincuenta años lo que se conocería con el nombre del “boom”; esa nómina de escritores que reunió en este ensayo y que fijaron el canon del boom. El libro se publicó primero en inglés y después la editorial Sudamericana en español, en 1966.
La política, las dictaduras, la revolución cubana y el deseo de democracia, no solo en América Latina sino en España que se encontraba en plena dictadura marcaron también este movimiento que, para Vargas Llosa, no fue solo literario, sino cultural, social y político.

Balza, de los
grandes olvidados
del “boom”
En el llamado “boom” latinoamericano no todos tuvieron la visibilidad de Vargas Llosa, García Márquez o Fuentes, también hubo grandísimos escritores de ese tiempo que no lograron la misma suerte editorial o que prefirieron vivir la literatura de otro modo, como el venezolano José Balza.
Un autor que no tuvo esa visibilidad comercial fuera de Latinoamérica y que no sabe a qué se debió esto, como explica en una entrevista con Efe.
“Pudo tener que ver la actitud personal de cada escritor; en mi caso, no sé, puede ser un sentimiento que siempre he tenido, no de apartamiento, ni de soledad, pero es como si la literatura estuviera en otra parte, y yo me asomase a ella como si no fuera yo, de otra manera, desde otra orilla”, argumenta.
Un escritor imprescindible en la narrativa española, nacido en el delta del Orinoco, en 1939, poco conocido fuera de los círculos literarios, premio nacional de literatura en su país, y con una obra narrativa y como ensayista que le hacen para muchos ser merecedor del Cervantes.
Balza, cuyo primer libro “Marzo anterior” es de 1965, está en España para participar en el congreso internacional “El canon del boom”, que se celebra con motivo de los 50 años de la publicación de “La ciudad y los perros”, de Vargas Llosa.
Un congreso que concluyó ayer y que ha sido organizado por la cátedra Vargas Llosa, que dirige Juan José Armas Marcelo, quien junto con el propio premio nobel peruano ha mostrado en público su deseo de reivindicar la figura de Balza como miembro de ese fenómeno de la novela latinoamericana que se produjo en los años 60, junto con otros olvidados, como Jorge Ibargüengoitia o Adriano González León.
Pero la visita de Balza a España también coincide con la publicación de un volumen de 500 páginas con una selección de sus cuentos, en la editorial Paréntesis, con un extenso prólogo del autor granadino Ernesto Pérez Zúñiga, un escritor que participa también en el congreso, al que Balza le ha dedicado un ensayo y cuyo nombre forma parte de la ponencia que el escritor da hoy en Valladolid con el título “Antes, durante y después: Meneses, Onetti, Pitol y Pérez Zúñiga”.
Balza, de quien Julio Cortázar dijo que su prosa era “una experiencia a la vez honda y fascinante”, explica que el “boom” fue para él como un río al que se adentró “como un buzo en aguas fascinantes, pero desconocidas”.
“Porque Borges, Onetti, Guillermo Meseses o Sucre -los predecesores- eran aguas conocidas, pero luego esa resonancia que hubo con Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes...los libros que nos llegaban de Seix Barral... fue fascinante”, dice.
El autor de “Percusión”, su título cumbre, dentro de una obra tan prolífica entre novelas, cuentos y ensayos de más de sesenta títulos, cree que otro olvidado es Sergio Pitol, “quien convierte hasta lo más degradante en obra de arte y un viajero por el mundo entero recuperando lenguas insólitas, hasta rusas”.
Profundo admirador de Cortázar y Octavio Paz, la obra de Balza -sus “ejercicios narrativos”-, que está enmarcada en la naturaleza y el río que le vieron nacer, se mueve principalmente por su preocupación por la condición humana.
“Tengo una gran curiosidad por los seres, soy como un vampiro, atento a todo lo que veo vivir, y lo que me gusta es que mucha gente no se da cuenta de lo que vive, del conflicto en el que vive”, argumenta.
En el prólogo del libro de cuentos, Pérez Zúñiga dice que “leer a Balza es una experiencia plena. No leerlo es perder”.
Zúñiga asegura que Balza destaca por un número de cualidades raras en un mismo escritor: “La impecable factura y sensualidad de su lenguaje, la variada invención, la sutileza de pensamiento, la capacidad de amalgamar jugando estructuras y tramas, de proponer ritmos e inquietudes que vienen de la experiencia, de los sueños o de otra dimensión que está en algún lugar invisible de la realidad...”
Balza dice que hoy en el terreno del ensayo queda mucho por hacer, más que en la novela y la poesía. Y que a él concretamente en el género del ensayo le queda mucho por hacer, porque tiene muchas deudas pendientes con el pasado de América y con la actualidad.
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