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| Claudia Ruiz Massieu |
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Equidad de género y políticas públicas Jueves, 26 Julio 2012 El concepto de género hace referencia a los atributos, expectativas y normas sociales, de conducta y culturales asociados al hecho de ser mujer u hombre. La equidad de genero se refiere al modo en que esos aspectos determinan las diferencias de poder en que las mujeres y los hombres se relacionan entre si.En este sentido podríamos decir que su importancia estriba por ser un derecho humano básico y debería estar al alcance de todas las personas por igual, independientemente de que sean hombres o mujeres, cada persona tiene la posibilidad de vivir la vida que haya elegido y de no tener que sufrir una privación absoluta. Las mujeres han obtenido logros sin precedentes en cuanto a sus derechos, a la educación y la salud, y al acceso al empleo y a los medios de vida. Actualmente las constituciones de 136 países contienen ya garantías expresas de igualdad de las y los ciudadanos y de no discriminación entre hombres y mujeres. Se ha avanzado mucho en la parte educativa y poco menos en la parte de la salud. Especialmente los países han aumentado la esperanza de vida al nacer en mujeres, tanto así que actualmente las mujeres del mundo tienen una vida más larga que los hombres en todas las regiones del mundo. Las políticas públicas también han desempeñado una función, porque el gran impulso hacia la educación universal de la última década ha ayudado a que los niños acudan a la escuela. Un aumento de los ingresos permite que las familias que antes solo enviaban a la escuela a sus hijos varones envíen también a sus hijas. Por ejemplo Marruecos ha necesitado solo un decenio para lograr el mismo incremento en la matrícula escolar de las niñas que en Estados Unidos llevó 40 años conseguir. Además, la igualdad de género puede tener importantes efectos en la productividad. Las mujeres representan ahora más del 40% de la fuerza de trabajo a nivel mundial, el 43% de la mano de obra agrícola y más de la mitad de la matrícula universitaria del mundo. En general que las mujeres puedan acceder a ingresos derivados de actividades económicas o mediante subsidios focalizados, tiene efectos positivos en el bienestar de sus familias. Por ejemplo, en Ghana, la proporción de bienes y la parte de tierras de propiedad de las mujeres están asociadas positivamente con gastos más elevados en alimentación. En Brasil, los ingresos propios no derivados del trabajo de las mujeres tienen un efecto positivo en la talla de sus hijas. En India, un incremento de los ingresos obtenidos por una mujer hace aumentar los años de escolarización de sus hijos e hijas. Pero, todavía falta mucho por hacer, Primero, las mujeres y los hombres tienen responsabilidades muy distintas en lo relativo al cuidado de miembros del hogar y a las labores domésticas, que generan patrones muy diferentes de utilización de su tiempo, lo cual influye directamente en las decisiones acerca del empleo y la actividad económica. Segundo, las mujeres y los hombres tienen un acceso distinto a los insumos productivos y a menudo un trato distinto por parte de los mercados y las instituciones. Tercero, estas limitaciones, que se refuerzan mutuamente, pueden generar una “trampa de la productividad femenina”. Por tanto, se requerirán reformas y políticas dirigidas específicamente a abordar estos factores. Es por lo que, el papel de las reformas legales en la reducción y superación de las disparidades de género en los niveles educativos y los niveles de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo es fundamental. Estas deben atender lo siguiente: Aumentar la disponibilidad de tiempo para las mujeres, lo cual supone prestar más atención a dos aspectos muy importantes: las políticas sobre el cuidado infantil y las licencias de paternidad o maternidad, ya que el atractivo para el empleador podría ser que se financiara con fondos públicos o a través de subsidios, ello haría más factible que las mujeres fuesen contratadas; y otra opción puede ser aumentar la jornada escolar o reducir la edad para ingresar al sistema escolar. Es momento de reflexionar las reformas que nuestras leyes necesitan en materia de equidad de género. Tomar el ejemplo de otros países sin cometer el error de simplemente copiar. Es cierto que hemos avanzado en materia de trata, feminicidio e incluso presupuestos transversales. Estoy convencida de que es la hora de abrir las puertas al diseño de leyes y políticas públicas que partan de la realidad de las mujeres mexicanas y que ofrezcan vías modernas y expeditas para finalizar con el lastre de la inequidad de género en nuestro país.
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