En la ciudad de Córdoba reinó el desorden acerca de las placas conmemorativas y los bustos y estatuas de los prohombres.

A principios del siglo XX un grupo de damas de la localidad pidió al H. Ayuntamiento permiso para fijar en las esquinas del parque principal los bustos de don Miguel Hidalgo y de Agustín de Iturbide como homenaje al iniciador de la Independencia nacional y al de Iturbide como el personaje que concluyó la guerra de Independencia. En las otras dos esquinas se pusieron los bustos de los cordobeses que se destacaron como impulsores de la educación a mediados del siglo XIX en Veracruz: Francisco Hernández y Hernández y José María Mena. Años después y sin decir “agua va” los bustos de Hidalgo y de Mena fueron retirados; el de Hidalgo no se sabe donde fue a parar y el de Mena quedó colocado en la nueva Escuela Secundaria y Preparatoria (ESBAO).

Siendo alcalde por breve tiempo el Lic. Alfonso Limón Krauss cambió de lugar la estatua del Migrante, que se instaló primero en el parque del Quinto Centenario y se le colocó en la avenida Uno, cerca de la gasolinería de Cruz Verde.

La placa que fue puesta en la pared, fuera de la casa del maestro Gustavo Trujillo fue quitada.

El Club Ejecutivos de Ventas de Córdoba una noche fue quitada. Estaba en el pequeño parque de la Casa Quemada y desapareció. Se creyó que la habían robado pero no fue así, fue “cambiado” su texto y la que se puso en su lugar se rinde homenaje a los defensores de las jornadas de 1721 pero omitiendo el nombre del entonces gobernador Dante Delgado, que había caído en desgracia política.

En el parque Madero, frente a la Cruz Roja, hubo un monumento a los Mártires de Chicago; cada año los obreros iban a dejar adornos florales a los trabajadores caídos. Ese monumento fue quitado sin más ni más.

El pintor Félix Jorge Martínez ocupó el cargo de jefe de Obras Públicas del Municipio y cambió los tradicionales nombres de las calles por números.

La Avenida Uno fue en un principio la Calle Real, años después se llamó Venustiano Carranza. La Avenida Tres era oficialmente la Benito Juárez. Luego, se puso a la Calle Cinco el nombre del Padre Krill y a la Avenida Ocho se le bautizó con el nombre del General Cándido Aguilar. Nadie ha usado tales nombres y las calles y arterias siguen teniendo los números que les puso Félix Jorge. Inclusive la Avenida Once lleva el nombre oficial del General Miguel Alemán pero eso ni los carteros lo saben.

Al teatro Pedro Díaz se pretendió cambiarle el nombre por el de Emilio Carballido pero éste se negó y dijo que si se le quería honrar de esa manera que se hiciera un teatro nuevo.

Placas conmemorativas se han quitado y perdido sin control alguno. En el bulevar Tratados de Córdoba hubo una muy grande haciendo constar que allí, cerca del arroyo de Paso Coyol, murió un gobernador estatal de un infarto. Un viejo puente sobre el río Seco, unía a Sabana Larga con Acayotla. Ese puente fue remodelado y la placa “se perdió”.

Es necesario ya ordenar todo aquello y respetar los lugares y los nombres de los hombres sin cambiarlos de lugar.


RUBÉN CALATAYUD


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