Cansado por el paso de tantos años en abril decidí no volver a escribir. Pensaba gozar de un descanso definitivo, un año sabático pero por todo el resto de mis días; me sentiría feliz, componerme para dejar arreglados mis pendientes. En primer lugar, recibir a Omar Kuri quien pretendía platicar conmigo y no le hablé porque me sentía yo mal. Deduje que pretendía pedirme información sobre lo que esta ciudad debe preparar para festejar dignamente el 400 aniversario de la fundación de Córdoba, hecho que ha preocupado grandemente a un grupo de personajes importantes de aquí que al verse venir la fecha (1618) y que tanto el H. Ayuntamiento actual y el que entrará en funciones el primero de enero de 2018 parece que nada han hecho. Tales empresarios han querido saber en qué podrán ayudar para el mayor lucimiento de la celebración.

Me sentí mal y no pude recibir a Omar diciéndole que le llamaría después por teléfono. Le ofrezco hoy disculpas y estoy a sus órdenes el día que guste venir al vivero Floresta de mi mujer cualquier día, de las once a doce horas de la mañana o por la tarde, de seis a siete.

El segundo recado va para el Arq. Abel Colorado Sainz por su artículo publicado en este diario el día de tres de este octubre. Le diré el por qué de la suspensión de mis artículos: casi no veo, oigo muy poco, no sé andar, sufro aún serios achaques. Los días que pensaba que descansaría no los aproveché. El primer día de mi libertad me propuse ordenar mis libros y papeles; hacer un expediente para lo que me escribió el profesor Antonio Bargés, otro para dedicar un folder al Padre Krill, pues tengo una copia del pasaporte con que entró al país, documento que guardo para entregarlo a su sobrino nieto Tom Krill, interesado en saber todo lo relativo al Padre. Debo buscar minuciosamente una carta que le mandó José Clemente Orozco desde Nueva York a Jorge Cuesta y que le prometí a la pintora Amelia Balmori Súchil, admiradora de Orozco.

Saqué mis papeles, que no son tantos, para hacer todo lo anterior, los puse sobre la mesa del comedor y abrí mis papeles pero me entró la flojera y volví a guardar toda aquella revoltura.

Pasaron los días y me limité solo a comer y dormir; pensando que engordaría limité la cantidad de mis alimentos eliminando el pan, las tortillas, la carne con solo fruta y verduras pensé que la pasaría mejor. ¿Resultado? Que una doctora del Seguro me dijo que estaba muy pálido y me recomendó cierta medicina para enriquecer el hierro de la sangre, sólo que el remedio me cayó mal.

Para esto, ya en el curso de mis días sabáticos mi esposa y mi hijo me llevaron casi a rastras a ver al cardiólogo; el especialista me practicó un electrocardiograma y, según medio oí, mi corazón todavía trabaja bien, no como el de un anciano. Me recomendó caminar, hacer ejercicio diariamente, lo que no he hecho. En la casa me han procurado mucho y me dan o me obligan a comer suficiente; eso me ha mejorado y si en El Mundo me reciben, muchas gracias. Yo pensaba en que el Arq. Colorado y el Ing. Alejandro Baizabal son los escritores indispensables para la página editorial de este diario, aparte de los Gasperín.


RUBÉN CALATAYUD


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